Cuando la economía también se empapa: qué nos enseñan las borrascas
En las últimas semanas, en España no hablamos de otra cosa: lluvias persistentes, ríos desbordados, alertas meteorológicas y borrascas encadenadas con nombres casi propios de una serie. El paraguas se ha convertido en un complemento obligatorio y el cielo gris parece no darnos tregua. Pero más allá de la meteorología, este escenario es una metáfora perfecta para entender cómo funciona la economía. La economía, como el clima, se mueve por ciclos. Hay etapas de bonanza, de cielos despejados y crecimiento sostenido, y otras en las que las nubes se acumulan, la presión baja y llegan las tormentas. Lo curioso es que, al igual que con las borrascas, muchas veces sabemos que algo se está gestando, pero no siempre acertamos en su intensidad ni en sus consecuencias. Cuando llueve de forma moderada, el agua es vida: los embalses se llenan, el campo respira y el sistema se equilibra. En economía ocurre algo parecido con las correcciones suaves: una pequeña desaceleración puede servir para ajustar...