El arranque de un nuevo curso: primeras impresiones

Ayer sonó el timbre que marca el inicio de un nuevo curso escolar. No importa cuántos años llevemos en la docencia: ese primer día siempre tiene un aire especial. Una mezcla de nervios, ilusión, dudas y, sobre todo, ganas de volver a empezar.

El aula vuelve a llenarse de miradas curiosas, de mochilas cargadas de expectativas y de esa energía que solo se siente el primer día. Los pasillos, que durante semanas estuvieron en silencio, recuperan su ruido característico: risas, conversaciones, reencuentros y también algún despiste típico del estreno.

Personalmente, me gusta pensar que cada comienzo de curso es como abrir un cuaderno en blanco. Tenemos la oportunidad de escribir juntos nuevas páginas, de crear experiencias que dejen huella más allá de las materias, y de construir un espacio en el que aprender sea también disfrutar.

El primer día es solo el pistoletazo de salida, pero marca el tono de lo que está por venir. No se trata de tenerlo todo resuelto de antemano, sino de transmitir confianza, cercanía y la sensación de que este viaje merece la pena.

Hoy, mientras repaso lo vivido ayer, me quedo con algo muy simple pero poderoso: la ilusión compartida. Esa chispa que surge cuando profesorado y alumnado coinciden en una misma idea: vamos a por un curso lleno de retos, aprendizajes y, por qué no, también de diversión.

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