El gran intento que no fue: cuando BBVA quiso (y no pudo) comprar Sabadell

Hace poco más de un año, BBVA se lanzó a una de las operaciones más ambiciosas del sector bancario español: la adquisición de Banco Sabadell. La idea era clara —sumar fuerzas para crear una entidad aún más relevante en el panorama financiero de España— pero lo que parecía un movimiento casi seguro se convirtió en un ejemplo de cómo incluso los gigantes pueden tropezar.

1. ¿En qué consistía la operación?

En mayo de 2024, BBVA presentó una oferta pública de adquisición (OPA) sobre Sabadell. El planteamiento era canjear acciones de la entidad vasca por las de la catalana. 

Posteriormente, BBVA mejoró la oferta: pasó a proponer una acción nueva de BBVA por cada 4,8376 acciones del Sabadell.

También se eliminó la parte en efectivo de la oferta, lo que rebajaba el castigo fiscal para los accionistas de Sabadell que aceptaran la OPA.

Sin embargo, los analistas ya empezaban a mostrar dudas de que la oferta fuera realmente atractiva. 

2. ¿Por qué generó tanto revuelo?

Porque de haberse completado, la fusión habría supuesto la creación de uno de los bancos más grandes de España — una transformación que cambiaría el mapa bancario.

Pero también porque entraban en juego otros factores: resistencia de Sabadell, oposición política, regulación y muchos interrogantes sobre la integración real de dos entidades con culturas distintas. Por ejemplo, Sabadell defendía que su valor como banco independiente era mayor.

Además, la operación duró más de 17 meses, generando expectativas, rumores y tensiones.

3. El resultado: fracaso claro

Al final, el desenlace no dejó espacio para dudas: BBVA solo logró el respaldo del 25,33 % de las acciones y del 25,47 % de los derechos de voto de Sabadell.

 Ese porcentaje está muy lejos del 50 % mínimo que BBVA se había impuesto para que la operación saliera adelante. 

Peor aún, no se alcanzó ni el umbral intermedio (alrededor del 30 %) que se especulaba como posible vía para que BBVA lanzase una segunda fase de la OPA.

Los pequeños accionistas de Sabadell dieron un sí prácticamente simbólico: los clientes del banco catalán que aceptaron representan apenas el 1,1 % del capital.

En bolsa la reacción no se hizo esperar: las acciones de BBVA subieron ~5-6 %, mientras que las de Sabadell cayeron cerca de un 6-7 %.

4. ¿Y ahora qué pasa?

Para BBVA:

Asumió el revés públicamente. El presidente del banco, Carlos Torres Vila, dijo que el resultado “no era el que esperábamos” pero que respetaban la decisión de los accionistas.

Inmediatamente puso en marcha un nuevo plan de retribución al accionista: unos 1.000 millones de euros en recompra de acciones ya en octubre, y un dividendo a cuenta de ~1.800 millones en noviembre. Además contempla una distribución total de 36.000 millones hasta 2028. 

Ahora tiene que redirigir su estrategia sin Sabadell como pieza central.

Para Sabadell:

Sale reforzado en términos de independencia. Su presidente, Josep Oliu, afirmó que “las dos entidades generan más valor por separado”.

Pero a su vez queda con interrogantes: ¿cómo continuará su crecimiento sin integración? ¿Qué retos afronta siendo “el pez más grande de los medianos”?

5. Lecciones y reflexiones

Una oferta atractiva en papel no garantiza éxito: los inversores, accionistas y los distintos stakeholders evalúan mucho más que números.

La cultura corporativa, los plazos, la confianza del mercado y las condiciones regulatorias pueden torpedear incluso las mejor planteadas fusiones.

La estrategia de “mega-fusión” quizá no siempre sea la más rentable: a veces mejor invertir en fortalecer lo propio que intentar crecer vía adquisición.

En banca, la integración siempre es más compleja de lo que parece: sistemas, clientes, cultura, reguladores… todo cuenta.

6. Conclusión

Al final, este episodio demuestra que incluso un gigante como BBVA no lo tiene todo garantizado. La OPA a Sabadell fue un intento ambicioso, quizá prematuro o mal calibrado, que terminó con un gran “no” del mercado.

Para nosotros, los que observamos el sector bancario, es un recordatorio: los números importan, pero las personas, la estrategia, el contexto y la percepción lo son aún más.

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