El Conflicto Comercial entre EE.UU. y China
En 2025, la guerra comercial entre Estados Unidos y China vive un momento clave. Tras meses de tensiones elevadas, ambas potencias han acordado una tregua temporal, aunque la calma esconde riesgos estructurales que podrían reavivar el conflicto.
Origen de la escalada reciente:
EE.UU. llegó a imponer aranceles del 145 % sobre productos chinos.
China, por su parte, respondió con gravámenes del 125 % sobre sus importaciones desde EE.UU.
Además de los aranceles, Pekín aplicó medidas no arancelarias, como restricciones a las exportaciones de tierras raras, componentes clave para la industria tecnológica.
El acuerdo de los 90 días:
En mayo de 2025, tras negociaciones en Ginebra, ambos países pactaron una tregua arancelaria de 90 días.
EE.UU. redujo parte de sus aranceles desde el 145% hasta el 30 % para determinados bienes chinos.
China, por su parte, rebajó sus tarifas al 10 % para muchos productos estadounidenses.
También se estableció un mecanismo de diálogo comercial para sentar las bases de futuras negociaciones.
Prórroga de la tregua:
En agosto de 2025, EE.UU. decidió extender la pausa arancelaria otros 90 días, justo antes de que expirara la anterior.
Esa extensión frena el regreso automático de los aranceles más elevados.
No obstante, algunos gravámenes antiguos permanecen vigentes: por ejemplo, ciertos productos siguen teniendo aranceles del 50 % o más.
Impacto en el comercio bilateral:
Pese a la tregua, el intercambio comercial ha caído: en agosto de 2025, el comercio entre China y EE.UU. se redujo cerca de un 11 %, según datos oficiales.
En lo que va de año (enero-agosto), los intercambios denominados en yuanes bajaron alrededor de un 13,5 % respecto al mismo periodo del año anterior.
En dólares, las exportaciones chinas a EE.UU. retrocedieron un 15,5 %, mientras que las importaciones de EE.UU. desde China cayeron un 11 %.
Nuevas amenazas estratégicas:
China ha usado las exportaciones de tierras raras como una herramienta de presión: este tipo de minerales son esenciales para tecnologías como la electrónica, semiconductores o imanes.
Aunque hay señales de disposición a dialogar, Pekín ha advertido de que no aceptará “medidas de coerción” y pide que EE.UU. corrija sus aranceles unilaterales para que haya un acuerdo real.
Por su parte, EE.UU. busca asegurar cadenas de suministro más seguras, especialmente en sectores estratégicos, sin depender tanto de China.
Consecuencias globales:
La desescalada parcial ha dado un respiro a los mercados, pero no implica una solución definitiva: muchas empresas aún reestructuran sus cadenas de suministro para evitar futuras sorpresas.
Analistas apuntan que, aunque esta tregua ayuda a estabilizar el comercio, no resuelve los problemas estructurales: el déficit comercial, el control tecnológico y la dependencia de materias primas estratégicas siguen sobre la mesa.
El impacto va más allá del binomio EE.UU.–China: una nueva escalada podría desestabilizar cadenas globales, encarecer componentes estratégicos y frenar la innovación tecnológica.
Posibles escenarios de futuro:
Extensión de la tregua: Si las negociaciones marchan bien, la pausa podría prolongarse más allá de los 90 días, reforzando un mecanismo de diálogo sostenible.
Acuerdo estructural: Lograr un pacto más amplio que reduzca aranceles permanentemente y limite medidas no arancelarias, lo que daría mayor certidumbre a las empresas.
Reescalada: Si se rompen las negociaciones, los aranceles podrían volver a subir, y China podría retomar restricciones sobre exportaciones estratégicas como las tierras raras.
Desacoplamiento parcial: Ambas potencias decidan desligar parte de sus cadenas productivas para depender menos la una de la otra, con consecuencias profundas para la economía global.
Conclusión:
La tregua de 90 días entre EE.UU. y China es alentadora y ha provocado una reducción significativa de aranceles, pero no supone el fin del conflicto. Los desafíos estructurales —como el control tecnológico, los minerales estratégicos y la dependencia económica mutua— siguen muy presentes. En ese sentido, más que un acuerdo definitivo, lo que hay ahora es un respiro estratégico: una oportunidad para negociar, reorganizarse y prepararse para lo que venga después.
Comentarios
Publicar un comentario